Narraciones al viento

Una biblioteca de cuentos cortos para leer en cualquier lado...
Miguel Ángel Fernández
"¿Te da asco las cucarachas y tienes algunas en tu casa? ¿O simplemente quieres tener protección por si las dudas? No esperes mas ¡y adquiere nuestra nuevo dispositivo anticucarachas!"

    El visor holográfico iluminaba el comedor levemente, mientras un hombre activaba el comando de voz para solicitar ese producto del que se acababa de enterar. 

    Juan tenía problemas de cucarachas desde que tenía memoria. Se ve que a esos bichos no les importaban los avances tecnológicos en limpieza, cerramientos incorruptibles en los ventanales y ductos de ventilación modernos. Las cucarachas molestaban siempre, y cada vez mas.Es por eso que ese producto, si no era la salvación, estaba muy cerca. Terminado el problema con las cucarachas, la vida sería mucho mas fácil.

    El hombre recibió en un par de horas una caja con ese dispositivo dentro. Lo primero que extrajo fue el manual de instrucciones, que versaba lo de siempre: advertencias de uso, tiempos de garantía, etc. Lo miró muy por encima, ya que su apuro era máximo. 

    Tomó por el mango el dispositivo, encendió el visor y coenzó a escanear su departamento. Ese tiempo que tardó en llegar el paquete investigó cómo funcionaba. Era simple: escanear, detectar la firma de calor de las cucarachas, apuntar y disparar el rayo gamma hacia el objetivo. Los rayos gamma mataban por radiación a esos insectos, y los que lograban sobrevivir quedaban estériles, por lo que no podían reproducirse. Ese día hizo seis disparos al arma. Y al otro día otros cuatro mas.

    La gran sorpresa es que ¡funcionó! Al día siguiente ni noticias de las cucarachas. Por fin algo eficiente contra esos bichos del demonio. La otra gran sorpresa fue el aumento terrible de otros bichos. ¡A montones! Escarabajos, arañas, abejas, etc. 

    En ese momento hizo lo que todos hacemos cuando no leemos el manual de instrucciones y algo anda mal: ir a leerlo desesperadamente. Mientras leía, sus pupilas se dilataban. La sección de efectos secundarios rezaba todo tipo de insectos asquerosos atraidos por la radiación. Pero la última parte fue la peor, ya que apenas terminó de leerla aró su bolso y se fue de ese lugar apra no volver nunca mas.

    Momentos despues, un gusano se arrastraba lentamente por el manual de instrucciones, y con su baba subrayaba irónicamente la frase:"... y por último, es posible que las cucarachas muten y aumenten de tamaño y peligrosidad."


M!

Este ha de ser un cuento breve. Tan breve que no tiene ni introducción ni nudo, solo este prólogo, y un desenlace.


“Finalmente, luego de esa cena tan exquisita, quedó encendido el incontenible gusto por cocinar, desplazando completamente a su fascinación por cantar. Y pasó a ser el hombre al que le encantaba cocinar, aunque lo hacía muy mal.


Sus vecinos, poco a poco dejaron de rezarle a Dios para que deje de cantar.


Sus amigos, poco a poco comenzaron a rezarle a Dios para que deje de cocinar.


Fin.”



M!

A mí me gusta dar consejos. Está bien, la gente no me los pide en general, pero yo se los doy igual. Creo que soy muy bueno en eso… mis amigos lo re desaprovechan la verdad. Tienen al alcance de la mano ser mejores personas sin necesidad de pagar a un consultor externo para ello. Me tienen a mí, pero no me usan.


Ok, en realidad, tengo que admitir que no es que no me los piden. Directamente me piden que no se los de.


Sin embargo, por más que lo intente, no puedo evitarlo. El destino se aparece siempre ahí, en el camino que tomaste justamente para evadirlo… y gracias a eso, conocí el amor.


Esto sucedió en el subte, hace ya 1 año.


Iba sentado en uno de esos asientos cortos, al final del vagón. No había mucha gente, y en el asiento del frente había una parejita. Ella le decía a él que no era necesario que bloquee su teléfono, que ella no se lo iba a revisar. Él insistió que no era por ella, que era por si se lo robaban. Y ella le retrucó que entonces, ponga uno con clave fácil, no con reconocimiento facial, sino era obvio que era porque tenía algo que ocultar.


Yo me moría por intervenir, y aconsejar a esa hermosa pareja. Pero no lo hice, me prometí no aconsejar a nadie por un tiempo… y venía bastante bien eh (por lo menos, mis amigos volvieron a estar cerca mío de nuevo).


Ella me miró, con un gesto dulce e inocente, y como si me hubiera leído la mente, me preguntó en voz alta:


-¿Vos qué opinás? ¿Algún consejo?


Y respondí casi automáticamente.


-Le recomiendo que no le ponga reconocimiento facial porque después cualquiera con cara de pelotudo lo va a poder desbloquear.



En ese momento, su sincera sonrisa determinó para siempre nuestros destinos.




M!

—No sos vos, soy yo —dice sin siquiera ser capaz de mirarme a los ojos, colorada, avergonzada. Me lo dice mientras yo me recuesto en la cama, a su lado.. En los tres segundos siguientes simplemente pienso, solo pienso. Me quedo callado, mirándola, pensando.


"No sos vos" me dijo, o sea, ¿no soy yo? Entonces ¿quién soy? Yo hasta hace tres segundos creía que era yo pero ahora resulta que no. "Soy yo" finalizó. Si, ya se que es ella. Es la que está poniendo en duda mi ser.


Pero si yo soy ese que se vistió de conejo blanco y con un ramo de rosas rojas le dijo: "¿Me perdonás?" ¿No se acordará? Soy el que dejó que frente a sus amigos sea humillado con un: "Ey! Decime te quiero, Chuchi". Soy ese que la defendió ante un especimen 3 veces mayor que yo. Soy ese, ¿recordará?


Seguro que ahora vienen recriminaciones. Y yo, como un caballero, callado. Y bien que me aguanté los pelos en el lavabo, la ropa interior colgada en la ducha y gritos tales como: "Cerrá la puerta del baño" o "Bajá la tapa del inodoro".


Pero claro, ahora para la señorita yo, "no soy yo". ¿Qué pasó al final? Ahora resulta que soy otro. Seguramente que ella es la que está con otro. Seguramente me engaña. Buscó la solución mas fácil. Fácil. ¡Fácil como ella! Al final terminó como todas, engañándome. Y me lo ocultó. Son todas iguales. ¡Ja! ¡No sos vos! ¡¿Pero quién te creés?! Y ella que me decía que yo me hacía la cabeza. Que yo era rencoroso. Que pensaba cualquier cosa. Que de dos líneas de texto hacía una novela. Antes decía eso...


Pero esto no va a quedar así. Voy a llamar a la loca de Sofía. Esa que dice ser su amiga y que cuando ella se iba al baño me tiraba onda, me guiñaba el ojo y me pedía mi teléfono y encima yo, tremendo gil, le decía: "No, sos amiga de Romi, cómo vas a hacer eso". Qué ciego e idiota fui. Ya va a ver esta. Le voy a pagar con la misma moneda. ¡Todas iguales! "No sos vos"... le voy a dar. ¡Embustera! Encima me lo dice en la cama. Podría habérmelo dicho antes de acostarme, pero seguro que me quiere ver sufrir. Comimos lo mas bien y no hubo reparos. Pero ya comidos, de repente, "No sos vos", ¿no?


Seguramente que la loca de su amiga le dijo algo. Qué rencorosa resultó la mujer que tengo a mi lado. Creí conocerla, pero ahora me sorprende con esa frase... Dios... "¡No sos vos, soy yo!" ¿Por qué no buscó algo original al menos? Y si, es igual a todas... Y yo, fiel y caballero, acá callado.


Seguramente que fue por la cena que le hice tener con mi madre. Su suegra. Siempre hablando de que su suegra tal o cual cosa, y no se acuerda que es mi madre, que no tiene que hablar así, pero son todas iguales. Primero todo bien, y tras una cena todo mal. Son todas así, nunca van a cambiar. Seguramente que es porque cocinó mi mamá y no ella. Que no soy yo, claro, seguramente. Y su amiga que me pedía el teléfono para organizar mañana algo. Mañana mismo llamo a Sofía y se lo digo por la cara.


No se ni qué contestar... Qué olor que siento... Seguramente que es lo que dijo que ahora me apesta. Es insoportable. Casi no puedo respirar del asco que le tengo. Aunque oliéndolo mejor siento que viene de abajo de la sábana...


La miro. Me mira y repite avergonzada:


—Perdoname, no sos vos, soy yo. La comida de tu mamá me hizo re mal.


—Está bien.—respondo avergonzándome un poco.


—Mañana saldremos con Sofía y su novio. Como no le quisiste dar el teléfono pasó por mi trabajo. ¿Acaso no te parece buena piba?


—Emmmsi.


—Bueno, hasta mañana.


—Te quiero, Chuchi—digo sin siquiera ser capaz de mirarla a los ojos, colorado, avergonzado.


Apago la luz. Me quedo despierto, reflexionando durante sesenta minutos mas.


Es increible que uno pueda pensar tanto en tres segundos y nada en una hora...




De mi otro blog, miguelchuchu.blogspot.com

Este blog pretende ser la continuación -reencarnación- de mi otro blog, intentando que en esta vida sea mas ordenado y mas organizado.

Pero quien quiera ver al otro bichito, acá tienen la dire: https://miguelchuchu.blogspot.com/


Sin mas me despido,

M!