El salón era grande, de paredes blancas y pocas ventanas. Había muchas personas allí, todas ubicadas en los asientos, mirando hacia adelante, observando a uno que gesticulaba y hablaba.
En realidad, no todas miraban hacia adelante. Una chica estaba mirando en diagonal, a un chico sentado en la fila de adelante. Su cuello le llamaba la atención. Era bastante musculoso, y lampiño. Era un cuello muy atractivo, pensó. Y sintió ganas de besárselo. Cerró los ojos y se lo imaginó. Primero lentamente. Luego salvajemente.
El chico del cuello, ni sospechaba el deseo que le causaba a la chica. Sin embargo, él estaba curiosamente pasando por algo parecido. Su mirada estaba fija en la señora sentada cuatro filas delante suyo. Era mayor que él, y aun así le encantaba su femeneidad. Cada vez que ella miraba disimuladamente hacia los costados, su pelo la acompañaba con una gracia deliciosa. El chico sentía un poco de vergüenza, porque pensaba que el corazón latía con tanta fuerza que se escuchaba por todos lados. Esa mujer seguramente era increíble en la cama.
La mujer no sentía la mirada del chico clavada en la nuca. Ella miraba al costado cada tanto, pues el hombre sentado a su lado le producía una reacción química indescriptible. Sexual, por supuesto. Su mano rozaba suavemente la mano del hombre, y eso la excitaba mucho. Pensar en el contacto físico prohibido la estimulaba a pensar soezmente. En primero lugar, porque el hombre tenía un anillo de casado. En segundo lugar, porque hacía mucho que ella no tenía contacto físico con alguien. Se relamía los labios de manera inconsciente. Y el hombre podía haberlo notado de haberla visto. Pero no lo hizo.
El hombre estaba inmerso en sus pensamientos. Tenía que volver a casa, con su familia, antes de la cena. Es decir, con una de sus familias. Tenía dos. Dos esposas, con dos hijos cada una. No es necesario aclarar que ninguna sabía la existencia de la otra. Y lo peor de todo, es que tenía una amante, sentada en la fila de atrás, con su marido. Él solo quería que la amante se levantara y pasara por delante, haciéndole una seña para que vaya, y tener sexo en algún rincón escondido.
La amante fantaseaba estar con el hombre y con su marido a la vez. Hacer un trío era su fantasía. El marido observaba lascivamente a la adolescente de la primera fila, con su falda corta. La adolescente le tomaba la mano a su novia, sentada a su lado. La novia se dormía, pues trabajó toda la noche… tuvo muchos clientes.
Toda esa cadena fue interrumpida por el señor que gesticulaba y hablaba, cuando dijo “… y esto, es palabra de Dios.”
Y todos contestaron al unísono “Te alabamos Señor”.
Encendió la cámara, y la colocó mirando hacia la pared de ladrillo, que estaba un poco mas presentable.
Le dió al botón rojo de "grabar", y mientras se peinaba descuidadamente con la mano caminó hacia el medio del cuadro. Ya tenía experiencia grabándose, dado que era un influencer medianamente conocido.
Colocó la mano izquierda con la palma hacia arriba, acercó la otra con aire de misterio y tragó saliva. Ya se imaginaba el futuro que le esperaba, lleno de dinero y fama. "El primer influencer con poderes" era la portada de todos sus pensamientos, aunque lo de influencer estaba de mas... ya que sería la primer persona con poderes. Pero lo que más le importaba era que por fin Silvia le iba a dar bolilla.
Sonrió levemente, ante tamaña visión...
Los dedos de la mano derecha generaron un chasquido un poco débil, pero alcanzo para la magia: de la palma emergió una llama de color roja, que duró algunos segundos.
Sacudió las manos y las colocó nuevamente como antes, haciendo un nuevo chasquido. Esta vez mas firme: el fuego esta vez fue mas intenso, y mas alto. Tuvo que cerrar un poco los ojos por el brillo súbito. Pero al poco tiempo desapareció.
Sacudiendo otra vez, dijo en voz alta: "Ya probé ocho veces antes de comenzar a grabar." Y miró a la cámara cuando agregó: "Juntos, ustedes y yo, vamos a ver de que se trata este nuevo poder que me fue entregado... quién sabe cuál es el límite!"
Se ve que el límite era de diez, porque nunca más logró generar una llama de nuevo.
Qué lástima que estas cosas no vengan con instrucciones...
Y tantas otras veces me tocó vivir al traidor en mis zapatos, que hasta inclusole agarré cariño, como aquella vez en la que me animé a dejarle mi número escrito en un papel a la chica que me gustaba.
Para terminar, hago un llamamiento a todos a dos cosas: reconocer al traidor, y aceptarlo. Solamente así podemos manejarlo y controlar sus consecuencias. Y quizás hacernos amigos.
"Maldición", me dije a mi mismo. Jamás voy a entender por qué cada vez que se me mete un dilema de este tipo me quedo pensando tanto tiempo. Si al fin y al cabo, la consecuencia es casi la misma.
Es decir, que cosa es primero... ¿el huevo o la gallina?
Si bien, depende del punto de vista, la mínima duda me deja en estado catatónico. Por ej, si hablas sintácticamente, primero es el huevo porque lo dijimos primero. Pero si sos un chino, primero es la gallina, porque leen de adelante para atrás. O si lo analizás religiosamente, primero fue el huevo, porque Eva en idioma antiguo, es Huevo (tiré chamuyo, lo sé). O si lo intentás definir desde un punto de vista hermenéutico telúrico incaico, tomando como inicio la teoría de Erasmo de Rotterdam sobre la vida... no vas a poder porque no tiene nada que ver.
Cuestión, estuve 4 horas intentando determinar esta cuestión...¿Primero que?¿el huevo o la gallina? ¿Primero que?¿el huevo o la gallina? ¿Primero que?¿el huevo o la gallina?
Finalmente lo decidí. Y me rasqué el huevo. Y después la gallina.
Turno a las 10 am, del martes 10 de Agosto de 2010. Es decir, hace exactamente cinco años y un día.
Aún me cuesta expresarme, realmente es un grave caso de mala praxis el que sufro yo.
Sucedió así: fui puntual, en ayunas. La operación iba a ser rápida, pero con anestesia total. 10.20 am ya estaba en la camilla, y poco después, el anestesista me durmió. No sé cuanto tiempo pasó, pero me despertó el movimiento de alguien a mi lado. Era ella, mi doctora, rodeada de tanta luz y tan difusa...
Me refregué los ojos, pues en ese momento pensaba que estaba soñando. Al abrirlos, ahí seguía ella. Mas linda aún. Con una mirada, me lo dijo todo. Con una sonrisa, me lo dibujó. En ese momento comprendí que la tenía incrustada muy profundo en mi corazón. Y jamás me la podré sacar...
Evidentemente fue mala praxis.
