El hedor a carne en estado de descomposición se estaba impregnando en las paredes húmedas de ese sótano.
La noche caía sobre la ciudad, envolviéndola en un manto oscuro que parecía desafiar la luz de la luna. Las calles estaban vacías, salvo por una persona que caminaba solitaria, con la mirada perdida, como si buscara algo que no podía encontrar. Ese hombre era un héroe, pero no lo sabía.
Había despertado en un hospital, sin recordar quién era ni cómo había llegado ahí. Los médicos le dijeron que había sufrido un accidente que le había provocado una amnesia severa. Pero eso no importaba, porque sentía que debía hacer algo. Algo importante.
Así comenzó su camino, buscando una razón para existir, un propósito para su vida. Se enfrentó a innumerables peligros, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara, sin importarle el riesgo que corría. Su corazón latía con fuerza cada vez que salía al mundo, porque sabía que estaba haciendo lo correcto.
Pero a pesar de todo, nunca logró descubrir su verdadera identidad. Y así pasó el tiempo, caminando por la ciudad como un fantasma, un héroe olvidado que luchaba por un mundo que no lo conocía. Por un mundo que él no conocía.
Entonces, un día, después de mucho tiempo, el héroe con amnesia dejó de caminar. Supo que algo no encajaba, y era que él necesitaba hacer el bien, pero que la gente no necesitaba un héroe. Sus problemas eran mas terrenales, de índole económico y político. Aunque alguien esté para salvarles la vida de las manos de un ladrón, ni ellos ni el ratero llegarían quizás a fin de mes con los gastos. Miró una vidriera con una televisión que mostraba la cruda verdad de la sociedad. Todos se peleaban con todos, y ese era el origen de todos los problemas.
Y así, mientras el sol comenzaba a salir, el héroe con amnesia sonrió. Por fin había encontrado su lugar en el mundo. Y mientras se alejaba, sabía que a pesar del sacrificio personal era la única opción para salvar a la humanidad.
El mundo necesitaba una razón para unirse. ¿Y qué mejor razón que un enemigo en común?
Compró una máscara negra, y salió en busca de su primer víctima.
Año 4000 d.C.
Los humanos estamos tan avanzados que cada neurona desarrolló una personalidad única y diferente a las otras, incluso dentro de un mismo ser.
Los humanos estamos tan avanzados que nuestra velocidad de respuesta aumentó, y nuestra capacidad de multitasking se multiplicó por mil en referencia al año 2000. Esto es permitido por la red de neuronas que, según su experiencia y su esencia, votan por una decisión que, lógicamente, es la mejor. Neurocracia les dicen algunos, vaya a saber por qué.
Los humanos hemos evolucionado a un nivel inimaginable en todos los ámbitos. Excepto en uno: "la maldición".
La maldición genera un fallo que perjudica la toma de decisiones del conjunto de neuronas. No importa la cantidad de neuronas disponibles, ni las características hegemónicas que poseen, ni el resultado total, siempre se genera una pérdida en la velocidad de respuesta. Y peor aún, en la calidad.
La maldición es algo temido por todos nosotros, ya que vemos a los que la padecen. Sus decisiones dejan de ser lógicas. Dejan de basarse en el principio universal de sumatoria de respuestas neuronales y, simplemente, accionan. Es usual ver que ataca a dos personas al mismo tiempo y ambos presentan el síntoma a la vez. No es contagioso, al parecer, pero a pesar de los avances tecnológicos, aún no sabemos de dónde proviene.
Los Maestros en las Artes siempre cuentan que, en la antigüedad, se le atribuía este fallo al músculo cardíaco. Y, por supuesto, dicha teoría fue estudiada y posteriormente descartada. Pero de algo estaban seguros, esa tontería no tenía ni una pizca de lógica.
Además, los Maestros dicen que antes no era llamada "la maldición". Se llamaba "amor".
Que nombre tan ridículo...
Soy un cactus, señores.
Si, un cactus. De esos de maceta que usan como souvenir* en los cumples donde uno no sabe que carajo poner como souvenir.
Me di cuenta fumando mi porrito personal que es el mate (los pacientes oncológico de carnet amarillo no podemos consumir drogas). Cada tanto me permito uno. Cada uno o dos minutos, porque soy un adicto al mate.
Es decir, la gente me mira, me ve simpático y verde. Ahí, como un decorado zafable, cumpliendo siempre mi función de manera correcta. Ni muy muy ni tan tan.
Sospechan que debo pinchar, entonces solo se acercan los crédulos, los inocentes. Es buen filtro la verdad, porque mi vida no está para la gente sin huevos. A mi acercate si tenes ganas de vivir locamente. O si sos tonto. O masoquista. Sino no, mirame de lejos y saludame desde allá.
Por otro lado, no encesito mucho para vivir. A mi dame un poco de agua cada tanto, y sol. O no, me da igual. Voy a seguir creciendo firme igualmente. Yo no pido nada, y no necesito nada. Soy un cactus, viejo!
En realidad, si... pido algo. Que me pongas cerca de otro u otros cactus.
Así que si vas a un cumple, traete dos souvenir al menos. Gracias!
*Souvenir es el regalito que te dan de despedida cuando vas a un cumple, cuyo mensaje es "Gracias por souvenir a mi cumple".
Parecía un emprestito imposible, a mi que sólo averiguaba precios de gimnasios para saber cuanto me ahorraba. A mi, que cuando decidí finalmente hace 5 años hacer ejercicio el gimnasio al que fui a averiguar estaba en un primer piso y desistí por un par de escalones. A mi, que si no hay una pelota de por medio no te corro el colectivo ni me agacho ni por un billete de 100.




