Esto pasó en un planeta llamado Prox-9, donde los seres humanos habían logrado colonizar y establecer una sociedad tecnológicamente avanzada. La vida en Prox-9 estaba regida por una estricta jerarquía basada en la cantidad, en lugar de la calidad.
En esta sociedad, el valor de las cosas y de las personas se medía únicamente en términos cuantitativos. Cuantas más posesiones, más poder y estatus se tenía. Cuantos más amigos, más valioso se consideraba uno mismo. Incluso la apariencia física estaba determinada por la cantidad de características consideradas deseables.
En medio de esta cultura obsesionada con la cantidad, vivía un joven llamado Alen. A diferencia de los demás, Alen no se sentía satisfecho persiguiendo las mismas metas superficiales. Él anhelaba algo más profundo y significativo.
Un día, mientras exploraba una antigua biblioteca abandonada, Alen encontró un libro polvoriento sobre la historia de la humanidad. A medida que leía, se dio cuenta de que había una época en la que la calidad era valorada sobre la cantidad. Los logros se medían por la excelencia y el impacto duradero que tenían en el mundo, en lugar de su mera abundancia.
Inspirado por este descubrimiento, Alen decidió desafiar la norma y comenzó a buscar su propio camino. En lugar de acumular posesiones materiales sin sentido, se enfocó en adquirir conocimiento y habilidades valiosas. En lugar de buscar popularidad superficial, se rodeó de unas pocas amistades verdaderas y significativas.
La gente de Prox-9 se burlaba de Alen y lo llamaba "el extraño". Lo consideraban un rebelde que no comprendía el verdadero valor de la cantidad. Sin embargo, Alen se mantuvo firme en su búsqueda de calidad y se dedicó a aprender y crecer en todos los aspectos de su vida.
Un día, la sociedad de Prox-9 se enfrentó a una grave crisis. Un agujero negro se acercaba peligrosamente al planeta, amenazando con destruir todo a su paso. La cantidad de recursos disponibles era insuficiente para proteger a todos los habitantes de Prox-9.
Ante esta situación, Alen, con sus habilidades y conocimientos de calidad, propuso un plan ingenioso que podría salvar a todos. Utilizando una combinación de tecnología y estrategia, logró redirigir el agujero negro y así salvar al planeta entero.
La sociedad, sorprendida por el éxito de Alen, comenzó a darse cuenta de que la calidad era mucho más valiosa que la cantidad superficial. Apreciaron la importancia de tener personas con habilidades y conocimientos significativos en lugar de una gran cantidad de individuos mediocres, y modificaron sus costumbres rotundamente.
Lo que importaba era la calidad, no la cantidad. Ya no se trataba de cuántas posesiones o cuántos amigos tenías, sino de la profundidad y el impacto de tus acciones. Alen se convirtió en un símbolo de inspiración para la sociedad de Prox-9, demostrando que perseguir la calidad en todos los aspectos de la vida puede conducir a resultados extraordinarios.
-------
Hoy, 90 años después, la población disminuyó tanto que están a punto de extinguirse. La educación, la salud, las vida social, todo se fue destruyendo al detalle dado el alto estándar de calidad fijado para todo, por todos. Nunca mas nadie estuvo de acuerdo con su prójimo debido a estas diferencias, incluso hoy en día, que van hacia la desaparición total.
Solo en algo se pusieron de acuerdo: Está terminantemente prohibido decir el nombre de Alen.
Esta es la historia de Ali. Ella provenia de una familia de musicos que le enseñaron a tocar la guitarra desde muy pequeña. Así que su sueño era ser una guitarrista famosa. Sin embargo, desde muy joven tuvo que trabajar como mesera en un bar y no pudo estudiar.
Un día la
llamaron, y le dijeron que su tía estaba muy mal, así que tuvo que viajar. Pero
el avión no llegó a destino. Hubo una tormenta muy fuerte y cayó al agua
Ella,
aunque muy cansada, logró llegar a la costa de una isla con un bosque muy aterrador.
Y tuvo que tratar de sobrevivir en esa isla misteriosa. Busco comida, hacerse
una casa y protegerse de los animales que la miraban desde la oscuridad.
Una noche
apareció un hombre lobo muy feo y muy peludo. Eso la asustó mucho al principio,
pero al pasar el tiempo se le fue el miedo. Y se le ocurrió una idea genial.
Durante varios
días estuvo recolectando madera, cortándola, lijndola, y buscando cuerdas. ¿Para
qué? Para hacer una guitarra.
Así, llenó
de música el bosque.
El hombre
lobo que estaba esperando el momento correcto para comérsela, escucho esa
guitarra y se volvió bueno. Y entonces se hicieron amigos.
Juntos
recorrieron el bosque y descubrieron un tesoro con mucho oro.
Luego
descubrieron en la playa restos del avión y con eso hicieron un carro. Ali
subió al carro el tesoro encontrado y se fue a una ciudad. Y de ahí volvió a su
pueblo.
Pero nunca se
olvidó de su amigo hombre lobo. Así que un día volvió al bosque y le hizo una
hermosa plaza de juegos para que él pudiera jugar siempre.
Y Colorín Colorado, este cuento se ha terminado.
-Iker Fernandez Sarasa y Miguel Fernandez.
“¡No sabés lo que me pasó!
Ayer por la mañana tomé un colectivo por primera vez, y al sentarme en el único asiento libre, descubrí un paraguas olvidado a los pies. Era un paraguas normal, de esos amplios, con manija curva. Sin embargo, a pesar de que mi primera intención fue llevárselo al colectivero para que lo tenga y lo devuelva en caso de que aparezca el dueño, decidí quedarmelo. Fue raro, pero después entendí todo.
Al bajarme, mientras jugueteaba con el paraguas cerrado, crucé una calle y la parte curva del mango se enganchó en la cartera de una señora… con tanta mala suerte que cayó de bruces al suelo. Bah, mala suerte… en realidad buena suerte, porque en ese instante pasó una moto a toda velocidad muy cerca nuestro, y si la vieja no se enganchaba con el paraguas la hubiera atropellado seguramente. De hecho, la doña me agradeció y me regaló un caramelo de procedencia dudosa. Yo, por supuesto, acepté con una sonrisa.
Esa fue la primera situación extraña del día.
Luego, caminando distraídamente, pensando en el suceso anterior, ocurrió otra cosa. El paraguas se me escapó de la mano, enredándose entre las piernas de un pobre hombre que estaba corriendo, que por supuesto tropezó y se dió un golpazo contra la puerta de un negocio. Quedé helado, sin reacción. Detrás del hombre llegó corriendo casi sin aire otro hombre de mayor edad, que intentando recuperarse a bocanadas, me sonrió. Y tras un enérgico gracias, agarró la billetera de las manos del primer hombre, la limpió y se la puso en el bolsillo. Tomó mi paraguas y me lo devolvió. De lo demás se encargó la policía, quienes me indagaron sobre cómo había atrapado al ratero.
Héroe, por segunda vez en un día.
Para ganar el tiempo que había perdido, me metí en un callejón por el cual hacía un atajo. Como en las películas, había una mujer acorralada por dos malhechores, a los que enfrenté con mi paraguas, blandiéndolo como si fuera un sable. Obviamente, a esa altura ya tenía una confianza desmesurada en el poder del paraguas, y confiaba plenamente en que iba a salir victorioso. Y así fue, porque con un movimiento veloz de esgrima pude desarmar a uno de los ladrones y sacarle su cuchillo, e inmediatamente ambos huyeron despavoridos, sin entender un soto lo que pasó.
La chica, me agradeció con un abrazo tan fuerte que casi me rompe las costillas; y sí, le saqué su número.
Luego, gracias a ese paraguas tan misterioso, salvé a nueve personas más. Todas fueron por haber utilizado el paraguas.
Cuando llegué a casa, luego de haber sido un héroe diez veces, con el paraguas en mi mano y una soberbia inmensa, me metí de una en mi habitación y comencé a flashear con trajes de superhéroes, y cómo iba a crecer mi popularidad a través de las redes, y cómo iba a conocer seguramente a Julia Roberts y a enamorarla con mis encantos de salvador popular y peronista, carajo.
Decidí finalmente, para no complicarme mucho, usar ropa normal, sin marca… por si alguna empresa me quiere esponsorear. Un poco de dinero no viene mal.
Me fui a dormir, abrazado al paraguas.
Hoy me levanté. Un día de sol increíble, pero llevé el paraguas igual. Tenía que seguir forjando mi leyenda. Iba a ir a mi trabajo a renunciar. Un héroe tiene que tener tiempo para ejercer. Las cosas a mitad de camino no salen bien. Me tomé un colectivo para ir más rápido, y la verdad pasó volando el tiempo. Es sabido que uno cuando sueña despierto, y planifica un futuro de cosas estupendas… se distrae.
Me bajé del colectivo y adviná que…
Sí, me olvidé el paraguas en el asiento.
Qué pena...”
— Es mentira pa, no te creo... ¿de verdad no podían?
— De verdad.— Ambos estaban sentados, uno al lado del otro. Ambos mirando hacia el centro del lago, ambos abrazándose sus piernas flexionadas, con sus peras apoyadas en sus rodillas.
— Pero... ¿cómo iban de un lado a otro?— Preguntó el joven curioso.
— Caminando.
— ¿Cómo los perros?— Volvió a consultar extrañado.
— Si, pero en dos patas.
La cara de asombro del pequeño Iker era bastante exagerada, pero cualquiera que lo mirara sonreiría seguramente. Su padre lo miró con picardía.
— Tené en cuenta que antes del Despertar, nosotros los humanos usábamos solo una porción muy pequeña del cerebro. Y no podíamos volar.
— Es cierto, es lo que estamos viendo en la materia Pasado de la Humanidad I.
— En ese entonces existía unos vehículos llamados autos,que utilizaban para trasladarse. Cuando las distancias eran grandes no podían ir caminando porque eso llevaba mucho tiempo de sus vidas. Y recordá que vivían menos de 100 años.
— ¿Menos? Wow, me dan un poco de pena.
— Si. Era muy sacrificado. Sin embargo...— Pel se quedó mirando al vacío, pensativo, mientras garabateaba en la arena.
— ¿Qué pasa, pa?
— Nada hijo. Es que antes eran muy felices por algo que hoy en día no existe más.
— ¿Qué era eso?
Las lágrimas aparecieron en el rostro del padre, la nostalgia lo invadió. Recordó a su propio abuelo, llamado Iker también. Y se secó los ojos.
— Hijo.— dijo girándose hacia él.— Lo que había antes y los hacía muy felices, pero hoy en día no existe más... son unas cosas llamadas "milanesas".
FIN.
“Hoy, 20 de octubre, se conmemora un nuevo aniversario de aquella hazaña que nunca podremos olvidar. Aquel día en que tantas personas comunes, como ustedes o yo, se convirtieron en héroes y sentaron un precedente que salvó a la humanidad.
Cuantos octubres anteriores habrán pasado sin imaginarse que harían semejante sacrificio. Sin imaginarse ni siquiera que el curso de la historia los llevaría a un contexto tan desolador como el de ese año. Un contexto en el que toda una nueva generación, la nuestra, estaba destinada a perecer antes de su nacimiento. Un contexto en el que la muerte hacía ya 50 años que no rondaba por nuestro planeta, gracias a la medicina avanzada.
A mediados de ese año todos los medios de comunicación enteraban oficialmente al mundo que desde principio de año ninguna mujer podía dar a luz a un hijo vivo. Ninguno nacía. Un mal que nadie pudo explicar. Ni la ciencia, ni las religiones, nadie. Nadie moría, pero nadie nacía.
Un destino que pudieron cambiar nuestros héroes. Ellos, que mezclaron religión con ciencia para poder encontrar una solución. Ellos, a los que hoy recordamos con dolor. Con mucha admiración, pero con dolor. Porque muchos de nosotros nacimos y crecimos sin haber conocido a nuestros padres. Nacimos, si,... gracias a ellos. Pero nunca pudimos darles las gracias.
Por eso, levantemos nuestras copas en su honor, y brindemos por la vida. Porque sin nuevas vidas, no hay humanidad. Solo barbarie y caos. Y brindemos por nuestros héroes. Los de ese 20 de octubre, y los de hoy.
Porque hoy nosotros también nos convertiremos en héroes.
Nuestros padres creían que el cupo de almas en la Tierra ya estaban completos, y que la sumatoria de fuerzas da cero. Que para que nazcan los bebés había que liberar cupos. Y que la fuerza de la vida sumada a la fuerza de la muerte da cero.
Así que alcen sus copas y beban hasta el fondo. Porque ese 20 de octubre nosotros fuimos la fuerza de la vida, y nuestros padres la fuerza de la muerte.
Y hoy, nos toca a nosotros ser los héroes. Ser el signo negativo.”

